Gonzalo Yáñez: “Espero, más allá de honrar a la Sochid como buen ingeniero, ser una buena persona, ser un buen aporte social”

Ceremonia de entrega del Premio Sochid 2019 en el XIV Congreso Chileno de Ingeniería Hidráulica. Noviembre de 2020.

El ganador del premio Sochid 2019 conversa sobre su camino para llegar a ser ingeniero hidráulico y sus expectativas a futuro, entre otras cosas.

El premio Sochid se otorga cada dos años por parte de la Sociedad Chilena de Ingeniería Hidráulica (Sochid) al ingeniero hidráulico que se haya destacado por sus condiciones personales y aporte profesional y/o investigativo en el campo de la ingeniería hidráulica y ciencias afines. Los candidatos deben haberse titulado como máximo dos años antes. En el XXIV Congreso Chileno de Ingeniería Hidráulica, realizado en noviembre de 2020, se le entregó el Premio Sochid 2019 a Gonzalo Yáñez Morroni, ingeniero civil hidráulico y magíster en Ciencias.

¿Qué significa para ti haber recibido este premio?

En primer lugar, un profundo agradecimiento que me hayan distinguido con el premio. En realidad cuando estudié, hice lo que pude hacer, no sé si hice lo mejor posible. Recuerdo que me levantaba bien temprano, estudiaba harto, pero nunca fue en pos de conseguir ningún reconocimiento, solamente fue por cumplir, porque me gustaba, me mantenía entretenido este constante desafío que había curso tras curso. Ahora que lo terminé y miro hacia atrás y escucho todas las cosas que dice Jorge (Jorge Gironás) que hice, en verdad eran hartas cosas (…) espero, más allá de honrar a la Sochid, como buen ingeniero, ser una buena persona, ser un buen aporte social con lo que haga en el futuro.

Gonzalo Yáñez Morroni.

Gonzalo estudió en el Instituto Nacional General José Miguel Carrera, establecimiento del cual egresó en 2010 con puntaje nacional en la Prueba de Selección Universitaria de Matemáticas. En 2011 entró a estudiar Ingeniería Civil en la Pontificia Universidad Católica de Chile y en 2015 obtuvo la licenciatura en Ciencias de la Ingeniería con mención en Ingeniería Hidráulica.

¿Qué te llevó a interesarte por la Ingeniería Hidráulica?

En una charla estábamos con mis amigos y estaba Jorge (Gironás), con otro profesor que era Ignacio Vargas, estaban hablando de Ingeniería Hidráulica, explicando en realidad de qué se trataba la especialidad, en qué se trabajaba. Encontré bastante amigable el hecho de que se trabajara con recursos naturales, y que tuvieran salidas a terreno, bueno, no muchas. Ir al río, cachai, es como distinto a estar sentado programando… aunque al final todos terminamos haciendo lo mismo (sonríe). Recuerdo que Jorge dijo una palabra, no sé de qué estaba hablando: la “vorágine” y yo escuché esa palabra y me llamó mucho la atención, porque en realidad, en Ingeniería la gente ocupa un vocablo muy parco, muy mustio, como la “función”, “optimizar”. No hay palabras muy lindas. Entonces él dijo la “vorágine” y me quedó dando vuelta esa palabra, que la conocía y de ahí que me quedó dando vuelta Jorge un poco, claramente y también como esta idea del agua, la turbulencia, la vorágine y empecé a tomar cursos de Hidrología, los primeros, Ingeniería Ambiental y los encontré bastante atractivos, porque no eran una abstracción tan difícil de entender, como electricidad y magnetismo, que a mí me costaron mucho. El agua tiene esa cualidad de que uno la puede ver, ¿cachai?, el agua, la lluvia, la transpiración de las plantas. Yo creo que esa fue la real decisión, así como una cuestión tan trivial e imperceptible como una palabra, me decidió a estudiar Hidráulica.

En 2015, Gonzalo obtuvo la licenciatura en Ciencias de la Ingeniería con mención en Ingeniería Hidráulica. Por esos tiempos, se realizó una charla con profesoras de modelación atmosférica de la Universidad de Notre Damme de Estados Unidos. Después de eso, surgió la posibilidad de ir a una pasantía, por lo que Gonzalo, junto a un compañero, estuvo un mes en ese país, para aprender a usar el modelo de predicción de tiempo atmosférico WRF (Weather Research and Forecasting).

¿Cómo fue esa experiencia?

Fue súper duro. Breve pero intenso. El Sebastián, mi amigo, que le ponía más a la programación, se quedaba largas noches programando y viendo las simulaciones y yo le ayudaba un poco e intentaba aprender de él. En la segunda semana o tercera, recuerdo que me dio amigdalitis, no teniendo allá seguro médico, ni nada, ni siquiera sabía cómo se decía en inglés. Ahí aprendí que se dice tonsilitis. Estuve mal ahí, echado, preguntándome qué hago aquí tan lejos y me dije, si me fuera de Chile, no me iría a estudiar, porque era estresante, por lo menos para mí para mí no se justificaba, por ir a estudiar una cosa especializada en Ingeniería afuera; estando en Chile ya era suficiente.

A su regreso, Gonzalo comenzó los estudios de Magíster en Ciencias de la Ingeniería, los que se prolongaron hasta 2018. “Como se dio la posibilidad de la beca, Jorge (Gironás) me propuso tomar este esfuerzo que habíamos hecho en conjunto con Sebastián, de intentar entender el modelo WRF y aplicarlo en un estudio que él estaba haciendo en la Quebrada de Ramón, como de La Reina para arriba”, recuerda y confiesa: “Fue un poco… no sé si arriesgado o un poco como lanzado intentar hacer una tesis en Meteorología, que yo en realidad no entendía nada, ¿cachai?, porque nosotros nunca habíamos tenido cursos de Meteorología, no existe como carrera. La única universidad que la da es la Universidad de Valparaíso”. Por esta razón, Gonzalo trabajó corriendo el modelo WRF, con Marta Caneo y Rodrigo Delgado de la Dirección Meteorológica de Chile. En la fase final de la tesis trabajó también con el profesor René Garreaud de la Universidad de Chile.

Según explicó Jorge Gironás en el XXIV Congreso Chileno de Ingeniería Hidráulica, en 2020, el objetivo era vincular el mundo de la predicción meteorológica con la hidrología para simular las características sinópticas de los eventos de precipitación que pueden significar una condición de amenaza aluvional o de inundación en la precordillera de Santiago, para mejorar la predicción de estos eventos en ambientes de relieve complejo

Con el término de su tesis, Gonzalo obtuvo el título profesional de ingeniero civil con máxima distinción, el premio del Departamento de Ingeniería Hidráulica y Ambiental al mejor alumno, presentaciones en diferentes congresos y el artículo Using the Weather Research and Forecasting (WRF) Model for Precipitation Forecasting in an Andean Region with Complex Topography, publicado en la revista Atmosphere, el cual ha sido citado 21 veces, de acuerdo con Google Scholar.

En paralelo al desarrollo de su tesis, Gonzalo trabajó durante tres años en Sochid, como encargado de la página web Sochid.cl, donde realizó la mantención, actualización de noticias e informaciones y difusión en redes sociales. También reordenó todos los artículos de los congresos Sochid y escaneó todos los faltantes, para construir una base de datos y así poder bajar cualquier artículo. Parte importante y reconocida entre los miembros de Sochid son las entrevistas que realizó a reconocidos profesionales de la hidráulica, como Bonifacio Fernández, Ximena Vargas, Luis Ayala, Humberto Peña, Alejandro López, Damaris Orphanópolus, entre otros.

“Fue súper enriquecedor conocer a otras personas que, no sé si decir que venían de vuelta (sonríe), pero que llevaban muchos años ya trabajando en estos temas y también eso igual me sirvió para darme la perspectiva de qué es lo que te va ofreciendo la carrera a largo plazo, ¿cachai?. Yo creo que tuve que haber hablado con los profesores más antiguos, la gente más proactiva dentro de lo que era la comunidad hidráulica, que son parte de una historia que formó mucha gente y parte del colectivo imaginario de los ingenieros hidráulicos”, afirma Gonzalo y continúa: “Siento que el trabajo en la Sochid me ayudó como un poco a percibir y a plantearme el concepto de comunidad de un gremio o profesión”.

Actualmente estás trabajando en la Dirección de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Universidad Católica (Dictuc), en la Unidad de Hidrogeología. ¿De qué se trata tu trabajo ahí?

Estoy trabajando en cuencas altiplánicas y en realidad en todo proyecto la pregunta del millón es este tema del balance de masa: tú tienes un área de estudio y se quiere saber cuánta agua es la que ingresa al sistema y cuánto se está quedando almacenada, cuánto se escurre, cuánto se evapora. Las cuencas altiplánicas son temas súper complejos: llueve poco, llueve en verano, los acuíferos son muy grandes. Entonces a largo plazo, si alguien empieza a bombear el agua no se nota, o se nota en otra parte que no es exactamente ahí: eso tiene sus dificultades conceptuales, no es tan fácil como lo hacíamos en la universidad, con cuencas pequeñas que el balance cierra con lo que uno ve en superficie.

¿Hay algún tema en el que te gustaría trabajar en el futuro, algo en particular?

Me gustaría que lo que haga no quede simplemente en un informe, ¿cachai?, o no quede simplemente en una propuesta o en un estudio de impacto ambiental, sino que realmente aportara a generar consciencia y a que más que nada las comunidades locales y a que la gente en general pueda tener una mayor consciencia de lo que es el recurso hídrico.

¿Tienes algún mentor o referente en tu formación y en tu experiencia laboral?

Obviamente Jorge (Gironás), un mentor, tanto de la ingeniería como de los gustos musicales que compartíamos. Recuerdo que el profe participaba en una banda tributo a Kraftwerk, lo fui a ver un par de veces y también eso se valora, porque la gente que tiene una inteligencia musical, siento que tiene una empatía para relacionarse con otras personas que no todos la tienen. Y todos los temas que hablábamos con Jorge yo igual las valoro mucho, porque en verdad esos años desde que uno sale del colegio hasta que sale de la universidad básicamente te estás preparando para entrar a la vida: todas esas conversaciones acerca de cómo lidiar con las cuentas, las responsabilidades, con elegir la persona correcta para una relación, cómo discutir con los padres (…). Y bueno, más que mentores también todos los amigos que estaban presentes en el proceso, muchos de los cuales todavía siguen estudiando (sonríe). Pedro Sanzana, un compañero que después trabajamos muchos un tiempo, me ayudó mucho a entender mejor la carrera también a entender el mundo laboral, que al principio nadie te guía un poco cómo es la cosa.

Vorágine musical

Para Gonzalo, la música “es un arte esencial a la existencia humana”. En particular le tomó el gusto a la cueca cuando en 2017 fue a un taller con un compañero donde enseñaban cómo cantar y escribir cuecas. “Como dice el verso popular: ‘porque la siente el roto dentro del pecho’”, asegura. Y continúa: “Es un género que es muy interesante, tiene mucho ritmo, mucho juego de verso, de melodía, aparte que la gracia de la cueca es que mezcla un poco lo que es el pregón, como ese señor que pasa gritando, ese tipo de grito que tienen los feriantes, que es súper fuerte y también tiene un poco de improvisación, porque (…) las cuecas son todas “iguales”, y eso es verdad, pero es porque la forma matemática en la que se escriben es igual, entonces eso ¿qué te permite?, te permite improvisar, entonces dos personas pueden improvisar una cueca y eso da paso a que se pueda hacer un desafío, ¿cachai?”.

“Está este concepto de las ruedas, que es lo que pasa por ejemplo en la plaza Bogotá, la plaza Brasil, generalmente en espacios abiertos se junta la gente. Se datean, ‘oye vamos a hacer una rueda en tal lugar’ y empieza a llegar la gente y se llama rueda porque la gente se pone en círculo. Y se va cantando por mano, entonces canta una persona y la “vuelta” de los bailarines coincide con que los cantores cambian, el otro canta, y uno le va segundeando, entonces así todos van cantando. Es una forma muy comunitaria de hacer música y en que tú puedes cantar con cualquiera”, explica Gonzalo.

“Uno puede cantar y es como un idioma universal, obviamente a la escala local chilena, porque solamente aquí está difundida, pero yo creo que tiene el mismo encanto de bailar tango o bailar salsa que tú con cualquier persona puedes bailar, si comprendes la idea y la forma”, reflexiona; y concluye: “Todo esto de la música o cualquier profesión, también la ingeniería, es pura práctica al final, entonces mientras más uno le da y le da a la cosa, vas soltando las manos y ya te sabes los recovecos y para dónde va la cosa. Parece que uno no se esforzara, pero uno ya pasó todo ese proceso de practicar y saber qué es lo que tenía que hacer”.

 

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