Damaris Orphanopoulos: una visión crítica de la sociedad desde la actividad de Ingeniero Hidráulico

Damaris Orphanopoulos: una visión crítica de la sociedad desde la actividad de Ingeniero Hidráulico

Quizás no es familiar el nombre de Damaris Orphanopoulos para quienes están insertos en el ambiente académico, pero quienes también tienen interacción en el mundo de la consultoría (y la ingeniería aplicada) saben que es una mujer digna de admiración. Y no solamente por su talento e innegable inteligencia al momento de aplicar la ciencia (respaldada por titularse con distinción unánime, y ser la primera persona en obtener el Premio SOCHID, solo por mencionar algunos logros), sino porque Damaris tiene una visión crítica de la situación por la cual atraviesa hoy el país, y desde su experiencia como ingeniero, aporta proposiciones para diversos aspectos de la vida nacional. Una conversación necesaria y que nos pone de lleno en la situación política, social y científica del país en estos días.

por Gonzalo Yáñez Morroni

Damaris me recibió amablemente en su oficina, en un tranquilo barrio de Santiago Oriente, un miércoles por la mañana. El lugar, atiborrado de carpetas y trabajos, se veía pulcro y ordenado, pero no había más personas allí que Damaris. Ella entonces me comenta que es pionera del trabajo remoto, que aplica desde hace 12 años: “las personas que trabajan conmigo, lo hacen desde sus casas, por un tema de calidad de vida. Esto requiere, primero, absoluta confianza. Yo sólo trabajo con personas que me merecen la más absoluta confianza. Y segundo, mucha responsabilidad, personas capaces, que hacen las cosas bien, y cumplen con los plazos, sin supervisión permanente”.

Con esa primera frase ya es posible hacerse una idea de cómo es Damaris, y el nivel de exigencia y dedicación que la han caracterizado durante toda su vida, también en la Ingeniería Hidráulica, en un currículo que no deja lugar a dudas. Pero ella indica con seguridad: “las cosas más importantes de la vida no salen en el currículo. Lo más importante de mi vida fue que, cuando tuve a mis hijos, me quedé en casa para criarlos. Los primeros años me dediqué a ellos full time. Fue el tiempo más feliz de mi vida. Los disfruté mucho.  Después, cuando iban al jardín, yo trabajaba esas horas. Cuando fueron al colegio, yo trabajaba en las mañanas, casi siempre desde la casa. Cuando entraron a estudiar, volví full time a mi profesión. Para mí, la prioridad absoluta la tienen mis hijos, hasta el día de hoy. Ahora ya están fuera de casa. Pero también fui criticada por ello: “¿cómo te quedas en la casa?, te estas embruteciendo.” Los que opinan así, no entienden nada: tú estás criando lo que va a ser el futuro de tu familia y de tu país. Tú no puedes descuidar ese aspecto, y yo creo que la sociedad hoy está descuidando ese aspecto. Sacar a la madre del hogar, lleva a una crianza que es más desapegada, desafectada. Porque tú, para poder entregar a tu guagua de dos meses a una sala cuna todo el día, tienes que desafectarte, si no, te mueres de sufrimiento. Y la gente se desafecta. Y después tenemos gente que no está ni ahí con nada. Mi instinto me decía que eso estaba mal: mi profesión, la ingeniería hidráulica, la hace cualquiera. Pero mis hijos no los cría cualquiera, yo soy su mamá, yo los quería criar, y yo los crié. Para enfrentar este problema social, siempre propongo la flexibilidad total del contrato de trabajo para las mujeres (y para hombres también). Aunque desde 2001 hay una ley que regula el trabajo de tiempo parcial en Chile, es muy rígida y poco motivante.

Para comenzar a adentrarnos a la faceta más académica de Damaris, le pregunto cómo llegó a la elección de estudiar ingeniería hidráulica, en una época, cabe decir, donde las mujeres eran – lamentablemente – marcada minoría en la carrera.

Por descarte: yo llegué a la escuela de ingeniería porque me encantaban las matemáticas. Me encantaban, mala no era para ninguna cosa, pero la historia no me decía nada, al revés pasa que cuando uno madura, te dice mucho más la historia que la matemática, pero bueno… en esa época me encantaban las matemáticas y me resultaban muy fácil.  Me gustaba también la biología, postulé a Medicina e Ingeniería, y quedé en ambas. Tenía una duda tremenda. Finalmente elegí Ingeniería porque me gustaba la astronomía. Éramos como 10 mujeres y 90 hombres. Pero los primeros ramos de astronomía que hice en la escuela, parece que eran para disuadir a los estudiantes, me resultaron horrorosos, y yo me preguntaba: ¿a esto me voy a dedicar yo en la vida? No, de ninguna manera. Seguí con el plan común, cualquier ingeniería menos la hidráulica, porque hidráulico era mi papá y qué fome estudiar lo mismo que el papá. Tomando algunos ramos, me empezó a encantar y caí. Caí en Hidráulica.

Y mientras hacia mi memoria, que fue muy larga, saqué además la mención de Estructuras. Que también me encantaba, por lo que terminé con el título de Ingeniera Civil Hidráulica y Estructuras. Me he dedicado sólo a la hidráulica, pero me encantan las estructuras y entiendo su funcionamiento.

Damaris, ¿cómo llegó acá? Me refiero al proceso que cruzó para convertirse desde una egresada destacada hasta ocupar la gerencia de una consultora, que vale recordar, creó desde su propio esfuerzo.

Lo primero que yo quería era tener una formación afuera. Yo soy alemana de cultura, mi madre es alemana, estudiamos en un colegio alemán, y mi meta siempre fue ir a Alemania. Estuve un año en München. Estudié en la Universidad Ludwig-Maximilian de München, mientras trabajaba a tiempo parcial en el Centro de Radiohidrometría de esa ciudad, donde se hacía hidrología isotópica. Eso era lo que yo había hecho en mi memoria. Era algo novedoso. Pero justo antes de viajar a Alemania, me casé, nos enamoramos y nos casamos en 15 días, fue un acto de locos, pero es el mismo marido que tengo hasta el día de hoy por si acaso (Risas). Nos fuimos los dos a Alemania, y me di cuenta de que no era fácil hacer un doctorado, porque duraba cuatro años. Yo estaba en la universidad y en este instituto, iba a clases e iba a trabajar, pero el trabajo de doctorado que yo iba a comenzar en el Instituto, no me convenció. Me faltó algo de profundidad o de seriedad en el enfoque de los profesores disponibles, geólogos haciendo hidrogeología, y no me sentí contenta, y no pude proyectarme haciendo un doctorado de esta forma.  Así que me viré. Al año nos volvimos, felices de estar acá, me ofrecieron un trabajo en la DGA, trabajé tres años ahí, hasta que me retiré para criar a mis hijos, como te contaba. En verdad me gustaba cualquier tema de la hidráulica en que me pusieran. Las estadísticas, la hidrología, el agua subterránea….Cuando volví al trabajo, a tiempo parcial, lo hice en forma independiente, y crear la empresa fue una consecuencia natural de eso.

¿El mapa hidrológico de Chile?

Era un aporte de Chile al mapa hidrológico de Sudamérica, para el PHI, y realmente fue bien bonito, porque nos dimos cuenta de lo que había y de lo que no había, de lo que faltaba. En esa época, 1984, el agua subterránea recién estaba empezando a ser tomada en cuenta. Con la sequía de 1968 se hicieron los primeros pozos en Chile, por la CORFO. Así que cuando en 1981 salió el nuevo Código de Aguas, todavía no había ninguna conciencia de la interacción acuífero-río, ni mucho conocimiento acerca de los acuíferos. Se veían como fuentes separadas, el río y el acuífero, y no se sabía cómo se comportarían los ríos cuando se explotaran los acuíferos, nada de eso se consideraba en ese código. Pero lamentablemente las modificaciones no han ido en el sentido técnico, sino que van más en el sentido político.

¿Tiene buenos recuerdos de su época en la DGA, de los profesionales con que compartió ahí?

Sí, muy buenos. Humberto Peña era muy proactivo y sabía claramente adónde iba, y además él tenía una formación técnica sólida. Humberto estuvo más de 30 años en la DGA, 12 años de Director, le dio una cara a la DGA, un norte. También recuerdo con mucho cariño a mis colegas, María Angélica Alegría, Alejandro Grilli y Fernando Escobar.

Dado que estamos hablando de la Ley, ¿qué opina de la actualidad de la legislación entorno al agua, y no sólo el Derecho de Agua, sino otras leyes que han generado controversia, quizás, como la Ley de Embalses?

No entiendo mucho la obsesión por pasar leyes, hacer nuevas leyes y grandes reformas, en vez de mejorar lo que hay. La de embalses, todos sabían que era mala. Sin embargo, en vez de mejorarla, simplemente la pasaron, probablemente porque no había más tiempo en ese gobierno. Qué pena para Chile. Lo que pasa es que el agua es un tema difícil, muy difícil. En parte porque la mente humana no está hecha para entender las probabilidades de excedencia, tampoco la mente humana entiende las potencias. Por ejemplo, este cuento del rey que le quiere dar una recompensa al inventor del juego de ajedrez, pero éste le dice: “Sólo págame con arroz” “¿Cuánto arroz te doy?” “Bueno, llena un tablero de ajedrez de la siguiente forma: pon un grano en el primer casillero, y anda duplicando en cada casillero”. Lo que llega al último casillero, 264 granos, es algo así como 3000 veces la producción mundial anual de arroz. Tampoco las probabilidades de excedencia están en nuestra mente de forma intuitiva. Tú haces una probabilidad en base a tu experiencia, pero de lo que está fuera de ella, no tienes idea. Y no tienes cómo mirar y entender la naturaleza en su totalidad. Ahora se puede entender un poco mejor porque existe Google Earth, entender por dónde escurre el agua, por ejemplo, cuáles son sus cauces naturales. La gente eso no lo ve, y si lo ve, no lo entiende. Y no actúa de acuerdo con la realidad, como se aprecia en los planes reguladores, que permiten la construcción dentro de los cauces de los ríos. Después de la crecida vienen los lamentos, ayudas y subsidios, pero mejor, habría que establecer las responsabilidades y aprovechar la experiencia.

Eso te muestra que el tema agua, primero, es difícil, y segundo, actualmente no hay una justificación técnica detrás de las modificaciones legales. Lo que más interesa en la reforma al código de aguas, es de quién es el derecho. ¿Por qué importa de quién es el derecho? Si es privado y está a nombre de una persona, ¿cuál es el problema? Yo, como ciudadano común, ¿para qué quiero el derecho? ¿O de qué me sirve que sea del Estado, por ejemplo? Lo importante es que lo tenga alguien que produzca algo para el país con ese derecho. Si de paso se hace rico, mejor. Así aportará más al país vía impuestos. En el tema agua, esta modificación está mal enfocada. Y no contiene elementos esenciales comentados hace ya muchos años, como la creación de una entidad de coordinación a nivel de cuenca. Por suerte está siendo revisada, y ha recibido algunas indicaciones que la pueden mejorar, en el sentido de que se mantendrían ciertas certezas jurídicas, lo que considero vital tanto para el país como para la gente y las ganas de producir.

“No entiendo mucho la obsesión por pasar leyes, hacer nuevas leyes y grandes reformas, en vez de mejorar lo que hay. La de embalses, todos sabían que era mala. Sin embargo, en vez de mejorarla, simplemente la pasaron, probablemente porque no había más tiempo en ese gobierno. Qué pena para Chile. Lo que pasa es que el agua es un tema difícil, muy difícil.”

Damaris, ¿Cómo articula usted esa dicotomía entre la política y la ingeniería desde su trabajo?

Yo soy técnica. Soy una persona técnica, y enfocada desde siempre, creo que esto viene de los alemanes, en la excelencia de las cosas. Somos súper exigentes, hacemos las cosas lo mejor posible, nos ponemos todos a hacer lo mejor que podemos en todo momento y eso es el tipo de trabajo que hacemos. Si hay observaciones, si hay críticas, las tomamos, las asumimos y las tratamos de mejorar. Vemos que desde el ámbito político y legal se desprenden todas las limitaciones y restricciones, y no los caminos ni las facilidades.  Las nuevas leyes chilenas han logrado entorpecer todo, y restar libertad, en vez de dar y garantizar libertad. Todo, en aras de una pretendida igualdad, que se sabe que no existe. Para mí, Chile es un país que tiene cada vez mejor nivel profesional en el mando medio, hay cada vez más grados y postgrados, más gente de profesiones complejas, gente seria que se interesa por la excelencia y capaz de hacer grandes esfuerzos, pero no es así con respecto a las autoridades. Ahí, las exigencias son cada vez más relajadas. Y como ellos mandan y ponen el tono, nos mantienen como un país de bajo nivel. Necesitamos que nuestras autoridades también sean un ejemplo, y ahí es donde parece que estamos fallando.

Pero… ustedes que trabajan y hacen un trabajo de excelencia que es innegable, ¿intentan articularlo un poco más allá cuando van a presentarlo a escenarios gubernamentales, por ejemplo, trabajan con abogados en paralelo? ¿Tienen una forma de asegurarse de que lo que ustedes hacen, alguien lo va a tomar en serio, por así decirlo?

Nosotros no podemos asegurarnos de nada. Pero lo que podemos hacer es ocuparnos de que a las autoridades les lleguen los estudios. Por otro lado, en cuanto a las autoridades, podemos pedirles que sean más comunicativas y coordinadas. Que compartan sus inquietudes, sus conceptos, sus proyecciones, se comuniquen, no dupliquen estudios, eviten ineficiencias, como lo reveló el estudio del Banco Mundial en 2013. También es necesario que haya comunicación ente autoridades, productores y ciudadanía. Hay una iniciativa interesante de la DGA y CNR en estos momentos, de hacer una gestión integrada de recursos hídricos, en base a esos conceptos. Creo que en el momento en que haya instancias en que todos escuchan a todos, y todos saben de todos, la cosa va por buen camino.  Lo importante es poder usar lo mejor posible las mínimas platas que este país destina al agua (este es otro tema).

El mundo social o de los ciudadanos, tiene sus demandas, sus requerimientos, su mirada sobre cada tema y todo eso debe incorporarse. Para eso, se debe tener súper claro y demarcado un ente técnico que aporte la mirada que sabe. Se necesita que un ente técnico dé las directrices bien dadas, y para eso tiene que ser fuerte y tener poder. La política no puede manejarse bien sin el ente técnico. Einstein dijo: una buena teoría es algo práctico. Podemos hacer una analogía: Una buena técnica es algo político.

Y los recursos que el Estado dedica al recurso hídrico, ¿son los suficientes? ¿Cómo nos encontramos en comparación a otros países de la región?

Yo no he comparado los escenarios internacionales de los dineros, pero sí hice el análisis dentro de Chile y me di cuenta que el agua tiene una importancia bajísima en el Presupuesto General de la Nación. De los 40.000 miles de millones de pesos del presupuesto nacional, por ejemplo, el Congreso recibe un 0.3 %, un poco más que el diagnóstico de las enfermedades de alto costo. Educación tiene el 23% del presupuesto nacional, Trabajo y Previsión un 15%, Salud un 11%. El agua (DGA, DOH, CNR, APR, SISS, INH, subsidios de agua potable, subsidios para riego), llega al 0,95% del presupuesto total. La DGA, el ente rector del agua en Chile, que hace monitoreo, estudios, planificación y administración de todos los derechos de agua, tiene el 0,03%. Es un décimo de lo que tiene el Congreso. Nada.

Esa es la importancia que se le da al agua en este país. La sequía le dio un poco de realce, y sirvió para dar un argumento a las autoridades para sustentar una reforma legal… que no resolverá el problema. Es la realidad dura de nuestro país, el agua no tiene importancia, y mientras eso no cambie y los parlamentarios no asignen más dinero, no tendremos un futuro mejor que el presente. Una pena. A pesar de eso, las instituciones logran hacer algunos trabajos interesantes y útiles.

Usted como consultora, ¿trabaja con organismos públicos y privados? ¿Y “vale la pena” trabajar con el gobierno, en estas condiciones?

Mira, el trabajo con el Gobierno siempre es entretenido, porque el gobierno es el que da la pauta. Uno no escoge ni diseña los estudios, ellos están en eso. Que todos los estudios realmente se usen o sirvan para algo, que sean temas con un valor aplicado, ojalá. Ahora nosotros estamos haciendo para la DGA algo muy concreto en Choapa, estamos armando una gobernanza del agua, y desarrollando un “Plan de Recursos Hídricos” para ver cómo pueden ellos mismos enfrentar los problemas que ahora tienen, con una mirada más integral. Que la DGA y la DOH sepan lo que quieren los regantes y demás usuarios, que los regantes lleguen a todas las instancias públicas, que los estudios se coordinen, que se haga una labor conjunta, útil, consensuada por todos.

Sería muy bueno que la academia se sumara a esto, a resolver las necesidades del mundo productivo, porque la academia generalmente está un poco de espaldas al mundo productivo. Hace lo que ella quiere y lo que quieren los investigadores, o lo que se hace afuera y se contagia de eso, en vez de empaparse de las necesidades del país. Por ejemplo, todos están en el cambio climático hoy día. Este problema es de más largo plazo. Pero hay problemas más candentes que requieren análisis. Los países que progresan son aquéllos donde las Universidades investigan de acuerdo con los requerimientos específicos de la industria, y el Estado crea las condiciones para que el productor pueda producir. De esta manera se beneficia no sólo el productor, sino que todo el medio, porque hay mucho trabajo, y además el país, porque recauda impuestos a partir de la riqueza. Todos están en pos de lo mismo, es como un matrimonio, todos tienen que remar para el mismo lado, si no, no tiene sentido, es inconducente, está condenado a fracasar. ¿Cómo vamos a crecer como país si no coordinamos todos nuestros esfuerzos? Seamos más razonables, copiémosle a los países que avanzan, y lo que hacen es que se sintoniza todo con el mundo productivo, porque ahí está la riqueza, todo lo demás sólo consume. El Estado, la educación, los subsidios, consumen.

La Ley de Australia con respecto al agua es clara y tajante: el Derecho de agua es privado y está totalmente protegido por la ley. El Estado vela por que haya una certeza jurídica y le da al productor toda la certeza que él necesita. Y si hay que recuperar agua para el medioambiente, bueno, se hacen estudios acabadísimos de cuánto es lo que se requiere, y entonces se llega a una negociación con el productor, “mire, si yo le hago tal obra de aumento de eficiencia, ¿me devolvería usted tal porcentaje de sus acciones sobre el río?”, o le compra el Derecho al productor a precio de mercado. ¿Pero tú crees que hay expropiación, un fisco que caduca los derechos? Eso nunca.

Pero si uno pudiera tomar la ley australiana y ponerla en Chile, ¿usted cree que funcionaría, o hay algo de la idiosincrasia chilena que nos hace funcionar de una forma distinta? Quizás es más una diferencia de mentalidad.

Bueno, hay que preguntarse por qué seguimos siendo subdesarrollados después de estar dentro de la OCDE, aunque creo que estamos a punto de salir de ella (risas). Pero en todo caso, seguimos siendo un país subdesarrollado aunque hemos tratado de salir adelante, con miles de políticas. Ninguna política es buena si enfrenta al Estado con los productores, o al Estado con las empresas. Es cosa de ver cómo está la cosa ahora: por un par de empresas corruptas, se aprovecha de desprestigiar a todas las empresas. Tú dices que eres empresario y eres casi un delincuente, si dices emprendedor todavía pasa, pero si ya contrataste a más de 10 personas, o 20, te caen encima muchas cargas. En cuanto tú enfrentas a estos dos entes, empresa y estado, no te puedes desarrollar. La única forma es unir, y hay ciertas tendencias que no dejan unirnos.

Por ejemplo, en Brasil pasaron recién una nueva ley laboral, que dice que cualquier acuerdo que tome el empleador junto con su empleado supera las normas de esta ley. O sea, que si yo te contrato a ti, podemos hacer un convenio como se nos ocurra, si estamos de acuerdo, lo podemos hacer aunque no esté en la ley. Eso para mí, es libertad. Y es ser sumamente visionario y progresista, y permitir que la gente se entienda. Porque ya sea yo empleado o empleador, da lo mismo, a los dos nos conviene que esta empresa crezca. Porque yo te puedo asegurar un trabajo y tú me aseguras que vas a trabajar, y si no estamos unidos en esa misma causa, nunca vamos a progresar. Sobre eso se puede construir, hacer incentivos, presión social. Si hacemos leyes obligando, la gente se resta: a la fuerza no hay cariño, decimos en Chile. Si a cualquiera le va mal, empresa, empleado, etc., el futuro se ve mal. Hay que velar por el bienestar de todos, empleados, empleadores, empresas.

También es muy importante para el desarrollo resguardar la diversidad. Eso lo tuvimos muy claro cuando hicimos un trabajo con medioambientalistas, y ellos decían: “mira, esta especies de invertebrados es súper importante en el río ¿por qué? Porque nosotros dependemos de la diversidad, si permitimos que se extingan una por una las especies, nos quedamos sin cadena trófica y al final nos quedamos sin alimento nosotros mismos”. Desde entonces tengo claro que nosotros necesitamos la diversidad. Si la ley nos quiere igualar a todos, estamos muy mal. Si queremos igualar la educación para todos, eso es malo, ¿qué pasa con toda la riqueza extranjera que tenemos, en los colegios franceses, alemanes, árabes, judíos, españoles, turcos? Es una diversidad enorme que estamos perdiendo, porque la educación que se ha impuesto, es igual para todos, no da espacio a las particularidades, y eso es un desastre ecológico. Porque la verdad es que por suerte no somos todos iguales, y mientras más diversos seamos, más riqueza y más desarrollo tendremos. Entonces lo que estamos haciendo, no va con el desarrollo. Me da pena, porque la gente se está dando cuenta, pero ya no tiene ni voz ni voto, y los parlamentarios pasan leyes sin el apoyo popular.

“Sería muy bueno que la academia se sumara a esto, a resolver las necesidades del mundo productivo, porque la academia generalmente está un poco de espaldas al mundo productivo. Hace lo que ella quiere y lo que quieren los investigadores, o lo que se hace afuera y se contagia de eso, en vez de empaparse de las necesidades del país.”

¿Cómo se puede cambiar eso? Si son los ingenieros que toman el rol, ¿Cómo toma usted el rol de liderazgo que tiene, porque usted sabe de agua, ha trabajado y tiene una experiencia vasta, cómo intenta imprimir ese cambio en la sociedad?

Yo desde mi posición no puedo hacer mucho más que hacer lo que sé hacer, y dar un ejemplo. Con nuestro trabajo, con el trato hacia nuestros empleados, con el compromiso. Pero lo que sí creo, es que hay que exigir mayor calidad a los candidatos a servidores públicos. Especialmente, hay que aumentar los estándares para los cargos públicos altos. Exigir una preparación que no permita dudas acerca de la intención de querer y poder hacer algo por la gente. Esto significa valorar y atraer al gobierno gente preparada.  Además, esto sería un incentivo para la gente, para prepararse y estudiar más.

Sin embargo, creo que la mentalidad que se está desarrollando, es la opuesta. Yo pienso que es demasiado alto el porcentaje de subsidios en el presupuesto nacional (2,7%). ¿En qué clase de país nos estamos transformando? En un país donde la gente se siente apoyada para esforzarse cada vez menos. Cada subsidio debiera por lo menos exigir algún resultado. Te regalo la educación? Trae buenas notas. Te regalo un programa de capacitación para crianceros caprinos? Muéstrame los resultados. Sin exigencia no hay desarrollo.

Usted es la primera persona que entrevisto que no es de la academia, la mayoría de los profesores tenían una consultora como tiempo compartido con sus trabajos docentes. ¿Cómo se construyó usted en el mundo de la consultoría? ¿Y piensa usted que la consultoría funciona como una bisagra entre la academia y el gobierno, porque eso es básicamente lo que hace la ingeniería?

Mi empresa consultora creció conmigo en el tiempo. Primero era yo sola, dando servicios puntuales. Después, comenzamos a formar equipo por proyecto. Luego ya pude contratar a algunas personas a permanencia. Hoy trabajamos con un núcleo pequeño fijo y formamos equipos más grandes por proyecto.

A la academia la veo haciendo la investigación que el mundo productivo luego aplicará, en bien del país. Al mundo consultor lo veo aplicando el conocimiento adquirido en la academia, para realizar los trabajos prácticos que es necesario realizar. En cuanto a la participación de la academia en el mundo consultor, creo que indudablemente hay tipos de consultorías que se benefician de ella, como la que estamos llevando a cabo en estos momentos, sobre Gestión Integrada de Recursos Hídricos. Sin embargo, no entiendo bien por qué hacer competir a estos dos mundos en la consultoría. Yo creo que hay trabajos que son de investigación, que deberían ir derecho a las universidades, o licitarse entre universidades, y otros que son de consultorías, donde no deberían participar las universidades, porque ellas están para investigar. Entonces el mandante debiera discernir, y decir, esto es un trabajo de investigación, y esto es un trabajo de consultoría, y llamar a licitación a quien corresponda. Y no poner a competir a estos dos mundos. Yo entiendo que son capacidades, destrezas y ritmos diferentes.

Damaris, más que preguntarle sobre cuál cree que es su legado, quisiera saber qué le gustaría ver a usted que cambie en el futuro, en el país o en la hidráulica

Mi postura es que el Estado tiene que ser un fiscalizador potente, pero no el proveedor de ningún servicio, porque el Estado no es especialista en nada de esto, ni en salud, ni en educación, ni en agua potable. Que ponga las condiciones claras y deje que opere el sistema, con todos los especialistas que no están en el estado. Como ejemplo cito nuestro sistema legal de agua potable: Usuarios, Empresas y Superintendencia, cada uno con obligaciones y derechos. Esto funciona excelentemente bien, tenemos uno de los sistemas de agua potable más eficientes del mundo, en calidad, oportunidad y constancia. En ese sentido, somos un ejemplo. Me gustaría que se reconociera esta lógica, y se replicara en los otros grandes temas deficitarios: educación, salud. Me parecería algo coherente.

Mi convicción es que para que las cosas funcionen, cada uno debe dar facilidades desde donde esté. Como empleador, doy facilidades a mis empleados para que trabajen donde les acomode, que acomoden su horario, etc., porque valoro la calidad de vida. Como empleado, doy facilidades a mi empleador, por ejemplo cuando requiere algo con suma urgencia. Como Estado, me gustaría ver que éste aportara facilidades a todas las personas, para que éstas pudieran desenvolverse y desempeñarse con creatividad desde cualquier ámbito. No trabas, no subsidios. Facilidades. Incentivos. Y, desde luego, condiciones. Si quieres hacer un colegio, hazlo. Pero cumple con todas estas condiciones. ¿Por qué no? Me gustaría que las personas tuvieran toda la libertad del mundo para aportar con sus capacidades al desarrollo de su país lo más que puedan. Y de nuevo: si de paso se enriquecen, mejor. Así se enriquece también el país.

Para terminar. Damaris, sólo una última pregunta, ¿qué le gusta hacer en su tiempo libre?

Yo tengo dos cosas que amo. Primero amo mis perros, les dedico mi tiempo libre, aunque no tengo mucho, pero los saco a pasear siempre que puedo, en marchas forzadas (para mi) de varios kilómetros. Lo otro que me encanta es viajar, porque siempre genera crecimiento. Si algún día la ingeniería me deja, porque uno se torna obsoleto con el tiempo, voy a hacer alguna empresa de turismo, para llevar a la gente a las partes hermosas de Chile que he conocido, y a otras partes del mundo, donde uno aprende muchísimo, develar las culturas, ver qué hacen otros pueblos, qué generan, cómo viven, cómo se organizan, qué tipo de obras construyen, de qué tipo de belleza se rodean. En Chile, para mi gusto, hay dos destinos mundiales: el Salar de Atacama, mágico, y el Parque Nacional Torres del Paine, soberbio.

Santiago, Mayo 2017