Don Horacio Mery: un recorrido por su vida y la historia de la hidráulica nacional

Sin miedo a equivocarnos, podemos afirmar que todas las personas que han estudiado Ingeniería Hidráulica han escuchado alguna vez el nombre de Horacio Mery: sobretodo, aquellos que – como yo – lo conocieron por su opus magna, el libro “Hidráulica Aplicada Al Diseño de Obras”. Guía fundamental para el diseño preliminar en los cursos teóricos y talleres de obras hidráulicas impartidos por la Universidad, una lectura detenida de esta obra nos revela, además, que el autor se basó potencialmente en su experiencia, comentando cada tema con estructuras ya existentes, casos particulares y fotografías relacionadas. Un libro que, por lo menos, indica que Horacio Mery debió haber profesado una gran pasión por la docencia, y, por supuesto, un profundo conocimiento de los temas que nos presenta.

 

 

Don Horacio me recibe en su hogar: me recibe entonces un hombre sencillo, deferente y amable, que propicia más a la conversación que a una entrevista rígida. Siempre acotando con anécdotas sobre su propia vida, que se desarrolló en un momento trascendental de la hidráulica nacional, Don Horacio tiende más hacia la alegría que a la melancolía que se pudiera esperar cuando se recuerda el pasado. Incluso al momento de preguntarle ¿cómo se interesó por la Ingeniería?, evade la clásica respuesta que busca razones puntuales, en la infancia, o en un acto revelador que haya sido crucial para elegir su profesión; más bien, nos cuenta su paso por la Universidad y su memoria, como si quisiera convencernos con las razones mismas presentes en lo entretenido del tema.

Bueno… es un proceso lento. Yo estudie Ingeniería en la Universidad de Chile y hace muchos años ya, ahora está todo muy cambiado, muy diferente. Yo egresé el año ’54, pero me titule el ‘56 – ¿Hizo una tesis en ese tiempo? – Tuve que hacer una tesis, empecé con unos compañeros de curso sobre problemas de Golpe de ariete en Plantas de Bombeo, que es un problema bastante complicado. Pero era muy interesante la cosa.

Y, justamente un ingeniero que trabajaba ahí era ayudante del profesor Domínguez, nos interesó en el tema, pero desgraciadamente ocurrió un problema…  nos habían ofrecido un banco de ensayos: había que instalar unas bombas y hacer mediciones en un laboratorio y teníamos todo conseguido. Incluso habíamos hablado en la Dirección de Obras Sanitarias (DOS), que en ese tiempo dependía del MOP, ellos nos habían facilitado unas bombas que estaban destinadas al agua potable de Valparaíso.

Estaba todo arreglado, pero…  desgraciadamente el jefe del laboratorio que tenía la DOS, no estuvo de acuerdo y dijo que “no podía él tener tal instalación en su laboratorio porque estaban muy copados con las actividades que  tenían”. Así que terminó la memoria ahí y tuve que hacer  la memoria, [en otro] proyecto. La primera memoria era experimental, lo que me interesaba, en fin, era un tema muy interesante, muy apasionante, y después pase a un proyecto que lo hice, justamente también en la DOS, sobre la planta de filtración de agua potable en la Quebrada de Ramón. Y bueno, ahí estuve yo haciendo un proyecto de esa planta de tratamiento. Ese fue mi Memoria de Título.

Y de estos proyectos que comenta con tanto entusiasmo, digamos, ¿siempre profesó un interés por la Ingeniería en sí, o más particularmente, la Ingeniería Hidráulica?

(Titubea) En ese tiempo, en los estudios de Ingeniería Civil estaban la mención en hidráulica, la mención en estructuras y la mención en transporte. Entonces me interesó la mención hidráulica. Yo trabaje también en la DOS, en la oficina de agua potable de Santiago, en la estructura administrativa de la época. Después cambió todo, en el sector sanitario, un cambio total, pero en aquella época el MOP tenía una dirección, que se llamaba la DOS, que trabajaba personal de muy alto nivel. Estaba don Rubén León, que era profesor de la Universidad ¿lo ha oído nombrar usted? – No,  en verdad no –  Él fue un destacado profesor de hidráulica en la Universidad de Chile. Don Jorge von Bennewitz, quien era Director de la misma Escuela de Ingeniería también era un ingeniero sanitario. Él fue mi profesor guía de la memoria. Toda esta gente [está] fallecida ya, por supuesto… Tantos años.

Don Horacio, cuando usted habla de su historia, me llama la atención que estuvo justo en un momento histórico dentro de la Ingeniería Hidráulica Chilena. Evidencia clara fue su participación en el primer Coloquio Nacional de Hidráulica (1971) junto con la formación incipiente de una sociedad que ha sido importante, la SOCHID.

“Mire, yo tengo aquí el discurso que hice cuando recibí el premio Francisco Javier Domínguez por la SOCHID”.  Entones Don Horacio va a un mueble cercano y busca en un ordenado álbum de fotografías y de recuerdos antiguos, el texto de agradecimiento para el premio FJD, el cual se entrega al Ingeniero que se haya destacado por su aporte ya sea en el aspecto investigativo y/o profesional a la hidráulica nacional. En el XXII Congreso de Hidráulica Nacional celebrado en Octubre del 2015, fue distinguido como el primer galardonado por su extensa trayectoria. “Lo tenía aquí porque pensé, puede ser útil, aquí se cuenta un poco la historia de cómo nació la SOCHID…”

(Para leer íntegramente el discurso de Horacio Mery al recibir el Premio FJD 2015, haga click aquí)

Ramón Fuentes, Ingeniero Hidráulico que fue profesor en la Universidad de Chile, un hombre destacado, súper inteligente, y con otro ingeniero de Endesa – Antonio Cauas – pensamos que lo mejor era formar una sociedad y Don Pancho se entusiasmó de inmediato, dijo “vamos a citar a una reunión” entre los ingenieros más connotados dentro de los proyectos hidráulicos, y se envió una carta a más de 70 personas. Bueno, y ahí por aclamación la mayoría de los ingenieros estuvo de acuerdo con la formación de la SOCHID y se le dio poder provisorio a Don Pancho para formar la sociedad, sacar los estatutos, redactar la personalidad jurídica y presidir un directorio provisional. Eso tomó como un año.

En ese directorio teníamos reuniones con él en su oficina, en el laboratorio de hidráulica, prácticamente cada semana. Eran las reuniones más entretenidas a las que he asistido (ríe). Don pancho era extraordinariamente entretenido, porque tenía muchas anécdotas, además tenía una memoria sorprendente y se acordaba de muchos detalles y cosas. A veces se trataba poco el tema de la Sociedad Hidráulica, eran puras anécdotas.

Luego de que terminara la presidencia de Don Pancho, usted fue presidente de la SOCHID desde el año ’71 –

Claro, cuando se formó la sociedad hidráulica. ¿El ‘71 tenía que haber sido? No recuerdo mucho las fechas – Sí, fue ese año –. Claro, porque el ‘70 se echó a andar la idea. Ya con la personalidad jurídica aceptada por el Ministerio de Justicia, se formó la sociedad y en la primera elección me eligieron a mí como Presidente del Directorio. Bueno y ocurrió después que se produjo el golpe militar en el año 73 – Bueno, usted fue presidente de la sociedad por nueve años ¿A qué se debió este largo periodo de presidencia? –  ¡Porque no podíamos hacer elecciones! Nosotros queríamos hacer las elecciones, porque eran cada cuatro años según los estatutos de la Sociedad, pero no se podía. La Intendencia regulaba todo eso, incluso cualquier cosa que hiciéramos teníamos que darle cuenta a la Intendencia: cualquier reunión. Era un momento muy tenso en el país.

«Nosotros queríamos hacer las elecciones, porque eran cada cuatro años, pero no se podía no más»

Pero durante esos años, ¿la sociedad se siguió desarrollando?

Si, se desarrolló igual, se siguieron celebrando los coloquios y congresos. El año ‘71 fue el primero, y el año ‘73 se realizó el segundo, que fue en la Universidad Católica, en el Campus San Joaquín. Ese costó mucho realizarlo. Porque en Vicuña Mackenna había un cordón de industrias a la altura de Rodrigo de Araya… y los sindicatos no nos dejaban pasar muchas veces. – Era el clima de la época – Así es, entonces no se podía dar una fecha fija, hasta que logramos, de repente, despejando situaciones, hacer la reunión.

El II Coloquio se celebró en Noviembre de 1973, pocos meses después del Golpe Militar. Como era de esperarse y debido a la situación política restrictiva de la época, el III Coloquio se celebró en 1977, es decir, dos años después de lo planificado. Cuando preguntamos a Don Horacio por los logros de su presidencia, intenta excusarse en su permanencia como presidente debido a la incapacidad de celebrar elecciones, pero se atisba una falsa modestia: es sabido que es uno de los ingenieros más importantes de su época. 

Preguntamos entonces acerca de su época en ENDESA, en donde se desarrolló como un eminente profesional en el diseño hidráulico de centrales hidroeléctricas y presas

Bueno, yo trabaje en ENDESA, después de trabajar en la DOS. Estuve como ocho meses trabajando en la DOS, pues ahí hice la memoria. El tema de ésta me la dieron ellos, y como yo me recibí, la idea era que siguiera trabajando ahí en la DOS, no abandonarla. Pero la cosa era que los sueldos eran tan bajos, que no resistía mucho la idea. Fíjese que, estamos hablando del año ‘56, cuando terminé mi memoria de título, los ingenieros en obras sanitarias en el MOP tenían un sueldo que era la tercera parte de lo que pagaba la ENDESA. La tercera parte. Entonces no había mucho que pensar, claro. No sé cómo estará ahora la comparación entre el Estado y los privados – No ha cambiado mucho, al menos cuando uno compara con la minería, en donde los sueldos son muy elevados – Claro, y ahí me encontraron toda la razón. Recuerdo que mi jefe en la DOS era don Jorge Sims, un ingeniero que incluso hacía clases en la Universidad de Chile: ayudantías, y un curso de proyectos. A él lo había conocido allá en la escuela… bueno, él me encontró toda la razón y renuncié a fines del año 56’. Estuve como cinco, seis meses contratado ahí en la Dirección de Obras Sanitarias.

Entré a trabajar a ENDESA en febrero del año ’57 y realmente ahí me realicé en mi especialidad, me gustó mucho el trabajo. ENDESA, en esa época era una escuela, verdaderamente se enseñaba, pues gran parte de los ingenieros eran profesores en la Universidad de Chile y también habían ingenieros de la Católica en estructuras y en mecánica de suelo. Bueno, en general, la ENDESA era una continuación de la escuela de Ingeniería.

Se daba en ese entonces de un modo más evidente la retroalimentación que siempre se busca lograr hoy en día, es decir, que la academia sirve a las empresas, y viceversa, en pos del desarrollo y el progreso, algo mucho más evidente en esa época.

Sí, eso ya desapareció ya, ya no existe. Pero recuerdo  que a mí me gustó mucho en lo que trabajé como profesional en ENDESA y ahí me interesó mucho el tema de los fenómenos transitorios, por ejemplo, que eran tan importantes en las centrales hidroeléctricas, y en las plantas de bombeo también.

Don Horacio, supe que usted participó también en el proyecto de muchas centrales, como Colbún Machicura, Pehuenche, entre otras. Estuvo en una época en que ENDESA construyo la matriz energética de Chile ¿Cómo se siente haber sido parte de la generación mítica que construyó las primeras hidroeléctricas de gran potencia?

Efectivamente, me siento parte del progreso del país. Yo entré a trabajar en la central Isla, y se proyectó, paralelamente, Pullinque y Rapel. Fueron las que se hicieron en esa época, y me toco participar en todas ellas. Bueno y después vinieron muchas más, más grandes, como Pehuenche, Colbún… muy bonito el trabajo que me tocó a mí hacer, lo recuerdo con mucho entusiasmo.

Por ejemplo, en ENDESA teníamos un sistema muy organizado, cuando entraba una central a operar. Antes que se conectara con el sistema [SIC], se hacían todo tipo de pruebas. Pruebas que habían sido fundamentales para el diseño de la central. Lo hacíamos con la cooperación de la gente de las fábricas de turbinas y los alternadores. Tengo un buen recuerdo de ello.

¿Había en esa época polémica o se hacía un EIA? ¿Era una ventaja o desventaja? “No, no. Bueno, todo depende de la época. No se hablaba mucho de los temas ambientales, en los ‘80. Hoy es algo prioritario” Don Horacio nos habla también de cómo funcionaba la ENDESA, y su cargo administrativo durante las décadas en que trabajó allí.

Tenía una distribución muy lógica. Había una Gerencia de Obras que tenía que ver con todo lo que eran los proyectos de la construcción de las obras futuras. Además la Gerencia de Obras estaba formada por departamentos, de Ingeniería Civil, Mecánica y Eléctrica. En Ingeniería Civil teníamos toda la parte del proyecto hidráulico, el proyecto estructural, la mecánica de suelos y los estdios del terreno. Los departamentos se dividían en secciones. Yo estuve a cargo de la Sección de Obras Hidráulicas. Pero también había una sección de mecánica de suelos, estudio en el terreno, la topografía, los sondajes, aspectos que fundamentales para el proyecto. Y también el jefe de esa sección, Dionisio Garrido, era profesor en Ingeniería en la Universidad de la Chile. No, si era (ríe)… era como una continuación total. ¿Usted estudió en la Universidad de Chile? – No, yo estudie en la Católica  – Bueno, hay buena formación allá, igualmente. En este momento no sé cómo está funcionando la parte de ejecución de proyecto, en ENDESA, no sé si los contratan los proyectos.

«Los ingenieros en obras sanitarias en el MOP tenían un sueldo que era la tercera parte de lo que pagaba la ENDESA. La tercera parte»

¿Pero usted opina que en esa época era mejor, porque la gente que estaba en gerencia estaba en docencia también, se seguía formando? ¿O porque al tener un espíritu docente, se tiene la posibilidad de explicar y comunicar mejor en el trabajo?

Yo creo que se junta todo. En esa época, cuando entré a trabajar,  el jefe de la seccción de Obras Hidráulicas era Alberto Bennett, que había sido ayudante de Don Pancho; y luego estaba Luis Court como jefe de un proyecto, que también era profesor en la escuela de Ingeniería de la Chile, y yo tuve un jefe que lo recuerdo siempre, Fernando Bobenrieth, porque fue el que me llevo a mí a la Universidad para terminar siendo profesor finalmente. Era jefe mío en la sección de obras hidráulicas y él era muy entusiasta, con la parte de la docencia, él me pidió que fuera su ayudante y ahí comenzó todo, el año ‘58.

O sea que usted dio una vuelta “rara”, porque salió a trabajar y de ahí volvió a la academia, conjuntamente con su actividad en la Endesa. Hoy en día pasa que la gente deja la academia para trabajar, y no regresan.

No, no, el caso mío no; yo empecé como ingeniero, trabajando. En esa época era ayudante de jornada parcial, estábamos las horas que íbamos a hacer la clase, y nada más. Bueno, Fernando Bobenrieth, que era el profesor de hidráulica, paralelo a Don Pancho, me llevo para ser su ayudante. Comencé como ayudante en la cátedra de Mecánica de Fluidos de la escuela de los Ingenieros Industriales, en esa carrera, que se imparte en la misma facultad.  Después pase a otros cursos, me dieron las cátedras… hice muchos cursos en la escuela de Ingeniería hasta el año 2008 (Don Horacio guarda un momento de silencio) Cincuenta años, me parece mucho, dije “ya está bueno, ya”.

Fui ayudante de los Industriales en el año ‘58… ’59, tuvo que haber sido y en el año ’60, Bobenrieth tomó las cátedras de hidráulica de los civiles y yo fui su ayudante. Pasaron tantos alumnos que los recuerdo como excelentes ingenieros después de haber egresado. Finalmente me pidieron que yo hiciera mecánica de fluidos en el mismo departamento y después hidráulica y así… y terminé haciendo un curso de escurrimientos transitorios, que me tocó hacerlo por primera vez, no me acuerdo que año sería. Ese es uno de los cursos más bonitos que he hecho. Me gusta mucho, tengo los apuntes ahí, de la época ¿Quiere verlos?

Los apuntes de Don Horacio sorprenden por su orden, tanto por estar claramente identificados y anillados, si no por su redacción y la característica complementación de textos con imágenes de referencia y experiencias propias. Personalmente había oído acerca del orden de Mery en las clases, como también se habla siempre de que es un honor haber sido alumno de Mery, una vez me lo comentó así el profesor de Hidrología Estocástica, Bonifacio Fernández –

¡Yo le hice clases a Bonifacio Fernández! Por medio de Bobenrieth conocí a Pedro Castañer, jefe del Departamento de Hidráulica en la Universidad Católica. Él me pidió que hiciera clases de mecánica de fluidos. Y además recuerdo un curso sobre centrales hidroeléctricas: un curso cortito, de un semestre, «Hidrocentrales». Ese curso lo siguió haciendo Ricardo Riedel, no sé si le suena – la verdad es que no –, él era un Ingeniero de la Católica, que trabajaba en ENDESA conmigo. El siguió después haciendo el curso. Y fue en mecánica de fluidos donde conocí a Bonifacio Fernández, tuvo que haber sido por el año ‘68… Bueno, pero hay tantos alumnos, es muy larga la lista para recordarlos a todos.

Después, lo que pasó es que no pude seguir mucho tiempo en la Católica porque era mucho tiempo dedicado a la docencia. Yo trabajaba en ENDESA, trabajé allí hasta el año ’90. Entonces era muy pesado, no tenía la posibilidad de hacerlo, porque ENDESA tenía regulado el número de horas que se dedicaban a la docencia. Estaba limitado en ese sentido. Además yo hacía clases los sábados para poder cumplir con la reglamentación de la empresa.

¿Por qué se fue de ENDESA entonces?

Mire, la ENDESA usted sabe que se privatizó. La ENDESA era una empresa que tenía la misma directriz que una empresa privada, pero el dueño, del 90 y tanto por ciento de las acciones era la CORFO. La CORFO era la dueña de las acciones, y eso cambió cuando se privatizó, y se vendieron las acciones, y después una empresa española compró gran parte de las acciones. Vino una época de reorganización, y nosotros en la ENDESA éramos jefes de Secciones, y por lo tanto, los más antiguos. Había que cambiar eso, para darle una renovación. Salimos muchos, como jefes de sección, de la empresa. – Eso no ocurre en todas las empresas, ¿conoce usted las políticas de trabajo en Japón, en donde se prioriza a los mayores, es decir, priorizar la experiencia antes que la edad? – Así es, pero bueno, actuaron por un punto de vista económico. Yo creo que disminuyeron mucho el personal, para reorganizarlo… pero ya no conozco mucho.

A pesar de todo la ENDESA me dio una medalla después (ríe).

«Vino una época de reorganización, y nosotros en la ENDESA éramos jefes de Secciones, y por lo tanto, los más antiguos ya (…) salimos muchos»

Don Horacio ya dejó la docencia, pero aún sigue trabajando hasta el día de hoy como asesor de riego, en el MOP, aunque esta ha cambiado en el tiempo “Como sabes, el MOP tenía una dirección de Riego que hacía todos los proyectos de regadío; yo entré ahí como asesor y en la época de Ricardo Lagos se transformó la Dirección de Riego en lo que se llama hoy la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH), que se echó encima varias cosas nuevas”.

Yo sigo apoyando a la gente del MOP en proyectos de riego, pero se formó agua potable rural, para las pequeñas comunidades, aguas lluvias, cosas que no existían antes, que es un tema importante. La DOH absorbió todos esos trabajos nuevos… pero no ha sido tan distinto. Lo que pasa es que, incluso yo siendo asesor de Riego, a veces asesoraba a la gente de agua lluvia pues me lo pedían. Vi hartos proyectos importantes de agua lluvia, en canales, en Santiago. Sigo trabajando, pero es muy poco, son 50 horas al mes: porque yo voy para allá, martes y jueves, allá me dan una oficina tengo todas las comodidades. No quiero hacer más horas tampoco.

Don Horacio, usted también estuvo en una época de transición, quizá una de las más impactantes en los últimos siglos: el alto nivel que ha alcanzado la tecnología para el desarrollo de los cálculos matemáticos. Hemos pasado de calcular curvas de bombas en serie con papel milimetrado a hacer una planilla en Excel que puede iterar sola hasta encontrar la solución óptima ¿Qué opina usted de esto? ¿Ha ido este avance tecnológico en detrimento de la creatividad, de la calidad de quienes estudian?

Yo creo que cualquiera que sea el problema, hay que tener el conocimiento más profundo posible del fenómeno. O sea, este avance tremendo en los cálculos no influye en el conocimiento, la persona debe tener el conocimiento suficiente. De modo, que son las herramientas las que han cambiado. Fíjese que cuando proyectamos Rapel, había que calcular los ejes hidráulicos en el rio Rapel para distintos caudales de crecidas y ver lo que pasaba en las distintas zonas con las inundaciones. En ese tiempo, el cálculo a mano era lo que se sabía hacer bien. El cálculo del eje hidráulico en un cauce natural se podía hacer… pero la cantidad de cálculos que se tenía que hacer era enorme ¡eran cientos de secciones las que se tenían que procesar! Entonces Bobenrieth, que era mi jefe, me dijo, “mira, esto tenemos que hacerlo con el computador que tiene la Chile”, que era la última generación que había llegado en esa época, allá por el año ‘61. Era muy primitivo todo, tarjetas de programación, IBM… Entonces me acuerdo que tuve la idea de usar alumnos para que procesaran las secciones transversales, es decir, los antecedentes para llevar los cálculos para la programación. Y creo que fue el primer cálculo hidráulico computacional que se hizo en Chile, los del eje hidráulico del Río Rapel.

Me acuerdo que ENDESA tenía un ingeniero que sabía mucho de computación, nosotros sabíamos muy poco en ese entonces, Vildósola, él estuvo a cargo de la programación, nosotros colaboramos en la parte de datos. Bueno, se procesaron cientos de casos,… Claro, hoy hay programas como el Hec-Ras, que viene todo listo ¡el programa lo tiene todo! Lo importante que yo pienso, es que la persona que usa el programa tiene que saber qué hace el programa. Qué hace el programa ante ciertas singularidades, las condiciones de borde; por eso el Hec-Ras es una herramienta muy poderosa, pero también es peligrosa si se usa mal.

Con respecto a la investigación, Don Horacio, se muestra más escéptico: concuerda en que hoy en día la investigación se ha masificado mucho y se han logrado avances significativos gracias a los avances tecnológicos.

¿Investigación?… la verdad es que yo estuve a cargo de la dirección de los proyectos y pude apreciar su comportamiento, y en la ENDESA también hicimos muchos modelos hidráulicos. De modo que investigación propiamente tal, investigación pura… recuerdo que en un año saque un proyecto FONDECYT. Antes de eso, le cuento, cuando yo salí de la ENDESA, el año ’90, estuve un periodo de años, pocos años, trabajando en el departamento de Ingeniería civil de la Chile con otros ingenieros, pero a media jornada. Tiene que haber sido hasta el año ‘95. Durante mi estadía ya como participante en el departamento, hice un proyecto FONDECYT con algunos alumnos que estaban titulándose, y consistía justamente en comprobar el comportamiento de casos muy típicos de escurrimientos transitorios de canales, hicimos programas de cálculos con las ecuaciones de Saint-Venant. Y después veíamos que tan cercano eran los resultados que obteníamos en el modelo, con lo que entregaba el cálculo teórico con un computador. Y estuvimos trabajando un tiempo largo en eso, y en distintas etapas, se recibieron 3 o 4 alumnos en el intertanto, incluso deje un librito con la memoria de lo que hicimos en el modelo.

Era increíble ver la aproximación que tenía el cálculo teórico con el modelo, era muy bueno, excelente. Yo pensaba, estas ecuaciones de Saint-Venant que están ahí, guardadas desde hace tanto tiempo, ¿cómo hubiera sido la sorpresa de ese señor si hubiera visto los resultados?

Sobre su libro, Hidráulica Aplicada Al Diseño de Obras, que ha acompañado como referencia base a quienes han tenido que entrar al complejo mundo del diseño civil hidráulico, Don Horacio comenta con cierta simpleza, que el libro es una recopilación de lo que se hizo en las instalaciones del laboratorio, y luego los respectivos resultados: un libro práctico ante todo.

Bueno eso fue la idea, algo no complejo. Por ejemplo, este disipador de energía de México en Malpaso (comenta mientras él mismo señala una sección del libro), era impresionante, estuve ahí en el año ‘70 y luego se produjo la falla del radier del enorme disipador de energía, como se dice aquí: “la fuerza de presión más el peso de la losa es menor que la fuerza de subpresion y se produce el levantamiento de las losas de fondo”. Yo creo que es muy importante la investigación de estos fenómenos, bueno, la idea de ese libro, la idea que yo siempre tuve, es que sirva para los alumnos, los ingenieros recién formados que empiezan a trabajar en proyectos hidráulicos, y que no tienen experiencia, se están iniciando, y los puede orientar un poco: esa es la idea.

Yo hice ese curso desde el año ’93, lo cambié mucho, en un principio les di mucha importancia a las presas, esto me consumía todo el curso, dejaba de lado muchas cosas. El curso fue cambiando y llegue a esa configuración y terminé preocupado de los temas que ahí salen más que nada. Porque dije, no, las presas son como para un tema separado, es otro curso que deberían tener los alumnos que siguen hidráulica, uno de Presas.

En la introducción de su libro, usted mismo ha señalado la intención de  completarlo con un capítulo adicional de canales y túneles, junto con uno adicional de escurrimientos transitorios ¿Es real eso? ¿Qué tan avanzada va esa reedición?

La verdad es que… hasta ahora no he hecho nada (ríe) son puras intenciones no más. Pero creo que es un tema muy importante – ¿y donar los apuntes? –  Yo tengo apuntes, los he donado a la DOH, si quiere se los muestro… los hice yo en el computador. Hacer un libro no es una cosa de un día para otro, es un proceso largo, hay que corregir, cambiar partes, hasta que uno dice está bien, lo que quiero decir es eso, y queda tranquilo uno.

Si hay otra figura de la Hidráulica Nacional que tenga tanto peso “histórico” como Horacio Mery, es Francisco Javier Domínguez. Contemporáneos y colaboradores en la academia y en la investigación, nos cuenta cómo se conocieron, y qué opina del legado docente y profesional que dejó en toda la disciplina a nivel nacional.

Fui alumno de Don Pancho, el año ‘52, en el cuarto año de Ingeniería; y después en el último año hacía un curso más aplicado, Hidráulica Agrícola. Después, cuando se formó la sociedad hidráulica, fue un contacto bien continuo a través de los congresos. Lo recuerdo como una persona extremadamente simpática, agradable, muy entretenida. Él se inició en la Dirección de Obras Portuarias, trabajó no sé cuántos años y después estuvo a cargo del laboratorio de hidráulica de la Católica, que fundó Ramón Salas. Recuerdo que nos llevó una vez a nosotros, alumnos de la Chile, a visitar ese laboratorio, en la Casa Central. Después estuvo en la CORFO, Don Pancho: era jefe de un departamento importante, relacionado principalmente con regadíos mecánicos. Pero se dedicó, diría yo un 80% a la docencia. El mismo contaba que el jefe que tenía en la CORFO, cuando lo veía le decía “¿y tú que haces aquí? Deberías estar en la Universidad” ¡Su propio jefe! Él hizo el laboratorio de hidráulica [de la Chile], se consiguió los fondos por iniciativa propia. Era un hombre de mucho empuje, de armas tomar, él lo sacó adelante. Fue una persona importante para la hidráulica, ha dejado un legado, su libro de Hidráulica que ha sido un pilar, un fundamento importante para todos los ingenieros Chilenos, y con eso se ha logrado  un conocimiento de los fenómenos hidráulicos, de los cálculos, los proyectos y todas esas cosas. Es muy importante la labor de él a través de sus experimentaciones en Chile… Ahora, entiendo que la SOCHID va a hacer una nueva edición de su libro – sí, piensan reeditarlo, está dentro de sus planes. Después de todo, es un libro fundamental –  ¡Fundamental! Por eso le decía yo, creo que él hizo una labor inmensa.

¿Y el legado de Horacio Mery?

Bueno, yo pienso que la docencia fue mi mayor aporte. Claro, que la actividad que tuve en ENDESA también, pero en la Universidad… interesar a los jóvenes a estudiar estos temas, siento que es ese el legado que he dejado.

¿Ha pensado en retirarse?

A esta altura de la vida… son muchos los años que tengo: trabajar no está dentro de los planes. El próximo año ya dejaré de hacer las asesorías en el MOP. Me dedicaré a disfrutar la vida dentro de lo que pueda con la edad, la salud es algo muy importante. Gracias a Dios he tenido buena salud. Mis planes son ya… ¡la vejez no más!. Pero no digo eso como algo malo, no, no… uno tiene que reconocer la edad, lo que le toca vivir y adaptarse a eso, empiezan los achaques y esas cosas. Pero me doy cuenta que uno es muy vulnerable

En contraste a lo que declara, Don Horacio se ve una persona muy saludable dada su edad, quizá por su estilo de vida que siempre le exigió un trabajo constante y un horario diurno. Cuando le preguntamos si es que no hubiera estudiado Ingeniería, ¿qué hubiera pensado hacer?, no duda en responder resuelto:

Bueno, si no hubiera estudiado Ingeniería indudablemente me hubiera gustado mucho, a pesar que es una profesión que no tiene mucho que ver con esta, es la medicina. Por lo que he visto después, creo que es una labor tan importante del ser humano, digamos, tratar de colaborar, de ayudar a la salud de las personas y es un tema tan complejo, tan lleno de experiencia, creo que es muy apasionante ser médico: y ser médico las veinticuatro horas del día, demanda compromiso.

¿Qué hace en sus tiempos libres? ¿Profesa algún interés en particular por algo, por ejemplo, la literatura?

¡Sí!, la literatura, sí, me entretiene mucho. Mi tiempo libre, cuando no estoy dedicado a la Ingeniería… lo primero es estar informado, después, bueno, estar con mi señora acá en la casa, los hijos son grandes, tengo 10 nietos, tener contacto con ellos, ¡y leer! Estoy releyendo ahora, “Adiós al Séptimo de Línea” que es una obra antigua de Inostroza. Fantástica, yo encuentro magnífica la obra, y en Chile no se ha realzado mucho. Ahí uno ve cómo con qué fuerza de voluntad y esfuerzo se logró lo que se hizo. Me ha entretenido mucho… yo la leí en el año ’60, lo compré y lo empasté y ahí quedó guardado. Y mi señora me dijo un tiempo atrás “¿bueno y por qué si te gustan tanto los libros de historia por qué no relees esta?” Y comencé, y la encuentro como nueva, han pasado muchos años y estoy muy fascinado en ella.

«Me hubiera gustado mucho estudiar (…) medicina. He encontrado que es la reina de las profesiones»

Para finalizar, Don Horacio, ¿Qué opina de la educación gratuita? ¿Cómo era en su tiempo el sistema educacional?

Mira, empecemos por eso. En mi tiempo era gratuita la educación, yo no pagué nunca nada en la Universidad  – ¿pero había un proceso selectivo? – sí, pero no era la misma prueba que ahora (ríe), era una prueba de bachillerato: en verdad, siempre ha sido la misma prueba, pero le han cambiado el nombre, otras características, otras estructuras. Había que entrar a Ingeniería: por lo menos, que era la única carrera que me interesaba en ese tiempo en esa época. Para eso había que tener 25 puntos en la prueba de bachillerato, y los que no la tenían ese puntaje tenían que dar un examen, un examen de admisión.

Pero, ¿Cómo era la cantidad de alumnos que postulaban a la carrera, en comparación a hoy en día?

Entraban pocos alumnos. Los cursos que tenía en esa época, en Ingeniería, no habrán sido más de 80  personas, 100 a lo más. Era la época de los años ‘50. Ahora son muchos más.

Ahora, con respecto a la gratuidad, el país ha cambiado mucho y naturalmente los fondos no alcanzan para solventar todos los gastos. No como en mi época, que solventaba todo, digamos. Cualquiera que fueran tus condiciones económicas, tenías la gratuidad y podías estudiar, y bueno, uno veía compañeros de cursos, unos con mucha más capacidad económica, su familia, que otros, pero era característico, era un derecho y nunca en la escuela de Ingeniería, nunca, al menos en la época mía, jamás se hizo una distinción social o de clases sociales, en fin. Siempre fue una cosa entre todos, fue una época muy bonita, no hubo nunca ningún problema. Fíjese que hasta el día de hoy se juntan, nos los juntamos anualmente los egresados del año 54′.

Con la opción de pagar, ¿piensa usted que se ha ido perdiendo ese sentir?

Seguramente. Ahora, yo, con respecto a la gratuidad, yo no estoy de acuerdo en el cómo lo ha hecho el gobierno, yo creo que deberían haber insistido en apoyar fuertemente a los niños más chicos: hay que empezar de abajo, si uno quiere que esto trascienda y que sea realmente beneficioso para el país tiene que empezar apoyando desde abajo, entonces eso es en lo que se debería haber insistido. Todos los fondos que se van a gastar en la educación superior se debían haber puesto en eso: es mi opinión, yo creo que hubiera sido mucho más valioso para el país.

Medidas a largo plazo no son políticamente correctas… ¿usted cree que se puede volver al sistema antiguo?

Yo creo que cuando estudié, era distinto, porque el sistema era anual, no habían semestres y no existía el sistema de ahora de estudiar por ramos, se estudiaban por cursos, completos. El primer año tenías tal y tal curso y había que hacerlo… el segundo año tenías cálculo segunda parte, topografía, geometría analítica, etc. Y estaba geometría descriptiva – Sí, me han hablado de ese curso mis profesores, ya no existe en la malla actual – Ese curso me hizo sufrir a mí, había que dibujar. Me hizo sufrir al principio, pero fue tanto mi preocupación, fue un shock. Al final salí con buena nota. Me iba bien con las notas, no me costó mucho eso, pero ese curso… me hizo sufrir.

Don Horacio con sus apuntes de escurrimientos transitorios

Don Horacio busca sus apuntes de escurrimiento transitorio, y entusiasmado nos explica la materia, el comportamiento físico y los gráficos que llenan las páginas  “En los gráficos uno puede darse cuenta de todo el fenómeno, en cambio en una planilla uno solo ve los resultados, entonces esa es la ventaja que tiene este método, el método de Bergeron. (Método gráfico para resolver problemas de escurrimientos transitorios en conducciones a presión), uno de los métodos más inteligentes que yo he visto”. Por alguna razón, Don Horacio Mery se siente reticente a publicar los apuntes de escurrimientos transitorios, porque piensa que ese aporte que ha realizado está en desventaja en comparación a los resultados computacionales. “Hoy en día mucha gente dirá que esto no está de moda, está obsoleto. Por eso yo digo que esto no es de un interés muy grande”.

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